Jose Baena

viernes, 29 de marzo de 2019

Un poema mío en Triadae Magazine

Triadæ "es una revista literaria digital cuyo objetivo es difundir el panorama artístico y literario actual en lengua inglesa, francesa y española entre hispanohablantes.", dicen las editoras Eva Gallud y Sylvia Ortega en su web.

En el último número de la revista he colaborado con un poema que comparto aquí,


DE OTRA MANERA

Al cabo del tiempo descubrí
que tu comprabas el pan
de otra manera.
Ni siquiera lo llamabas así porque tampoco
tenías dientes.
A mí me sobraba la harina y la decía y
la esparcía por todo tu cuerpo hasta
dejarlo blanco. Lograbas respirar apenas
pero tu piel tan suave.
Me regalabas el agua.
Salía de ti y la recogía yo en el cuenco
de las manos. Tú me mirabas
con algas en el pelo y
yo restregaba la fregona en el parqué.
El televisor se llenó y le quité el volumen
para poder utilizarlo de pecera.
No cenabas por costumbre y
por silencio en el estómago y
yo ensaladera
vacía y un cuchillo.
Siempre había una baguette
en la mesa del salón
pero ninguno sabía
decir dónde.
Nunca le dimos la vuelta
por si la mala suerte.
No recuerdo cual de los dos
murió primero de hambre.


junto al enlace a la revista completa que podéis ojear, leer y disfrutar clicando en la imagen de su portada:


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lunes, 31 de diciembre de 2018

Finalista Cosecha Eñe 2018



No quiero terminar el año sin compartir aquí una de las mayores alegrías que me ha dado 2018. En octubre se falló la decimotercera edición del premio Cosecha Eñe, que convoca la revista del mismo nombre, y uno de mis relatos quedó finalista.

El texto, junto al de la ganadora Ana Santamaría Núñez, ha sido publicado en el número de otoño, que os recomiendo pues todos los relatos son una maravilla.

Aquí tenéis una muestra del mío:


Con la verdad por delante


Antes de nada aclarar que esto es por necesidad, no por gusto. Porque para ser totalmente  sincero... Bueno, para ser totalmente sincero hay que valer. Mira, a algunos les sale solo, se vanaglorian, van haciendo gala de su honestidad y con ella se frotan, y lo que es peor, la refriegan en tu cara. En cambio yo no les puedo llamar impertinentes. ¿Qué sacaría de eso? Yo les confirmo en su verdad, les digo lo que quieren oír. No, no, a ver, no soy un adulador barato, lo que me pasa es que soy alérgico. ¿Has visto alguna vez la verdad descender de los árboles al agitar del viento? Pues yo tampoco. Y aún así todos la invocan. Y la cosechan todos y te la sirven al plato recién cocinada y te la debes comer por cortesía. La única compensación que tiene es poder mentirles diciendo cómo me gusta Oh my god! qué delicia. También le digo a mi mamá que la quiero a pesar de que me trae de los nervios la muy zorra. ¿Pero qué beneficio hay en decírselo? Lo aprendí bien pronto. No es culpa suya en realidad, el cabrón de mi padre la tenía bien molida con el cinto y la palma, el puño cerrado cuando su equipo perdía, patadas al hígado si el tiempo cambiaba; después de cada tunda, a veces durante, él repetía sin asomo de duda que la quería más que a nada. Los tres sabíamos que esa clase de afecto mi padre se lo tenía reservado a la botella, pero aún así mi madre lo creía. Incluso ahora que ya hace tiempo que puse a criar gusanos al muhijoputa, ella venera su recuerdo y actúa neurótica si el novio de turno se niega a darle un bofetón de vez en cuando. Me pide a mí que la golpee, joder, y eso es enfermizo. ¿Y qué voy a hacer yo? ¿Ser un egoísta de mierda y decirle que la odio y que no quiero hacerle daño y todo eso? ¿Qué ganaría ella? Desolación y rabia, no más. La puta verdad solo trae penalidades.


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sábado, 29 de diciembre de 2018

La Habitación de las Mujeres



La Habitación de las Mujeres es un ciclo mensual de poesía conducido por la poeta Nares Montero en el que se da voz a la poesía hecha por mujeres en cualquier época y lugar del mundo (ella lo explica muy bien aquí).

Hoy se celebra la última sesión de 2018 y tengo el honor de participar, compartiendo a poetas de Finlandia y Suecia.

En este vídeo podéis ver un resumen de su andadura en 2018:


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viernes, 26 de octubre de 2018

Presentación Cumbre en el aire


Mañana sábado 27 de octubre verá la luz Cumbre en el aire, mi segundo poemario, publicado por Unaria Ediciones. Nos reuniremos en Madrid en la librería La Semillera para presentarlo. Conducirá el evento el poeta Pepe Ramos y la poeta Paz H. Páramo compartirá con nosotros el prólogo. Venid a acompañarnos.

ALGO va a levantarse en pos
de tu derribo.

Tú estarás empujando el
cielo hacia arriba.

Lengua tuya molde roto
para no esculpir el mismo
cáliz de palabras.

Tú que estarás empujando una
flor hacia dentro
por tu garganta.

Quizá procurando entender
lo que no ha acaecido.

Algo que va creciendo una
pregunta en la mañana
y en la sangre.

Así
como va saltando
la sal del miedo entre la lluvia
acudirá.

Vendrá por todas partes también
de dentro y sobre todo.

Nada podrás hacer para evitarlo.

Salvo aguardar en silencio.



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lunes, 23 de abril de 2018

Entrevista en El tren de la musa

Hace unas semanas recibí un extraño mensaje: alguien quería hacerme una entrevista. Me citaba en El Tren de la Musa a una hora indeterminada entre el canto de la abubilla almizclera y el pestañeo del búho sonámbulo. Sin mayor preámbulo cogí mi chaqueta de tweed, mis chanclas de running, y abandoné la casa a toda prisa.

Al llegar a la acera grite "¡TAXI!" con todas mis fuerzas, pero los conductores vociferaban tras los cristales, golpeando el volante en el atasco, casi con total seguridad escuchando el BOE. Como el sol estaba ya alto (y la abubilla hacía rato que descansaba afónica) no podía andarme con remilgos. Ante mí desfiló un repartidor de comida en bicicleta y sin dudarlo me subí a su lomo haciéndome pasar por delicia china. Con mi mejor cara de pollo al limón conseguí convencerle de tomar un desvío. Llegué a la estación en el momento justo en que el reloj de sol marcaba el sótano. Sortee con agilidad extrema e impropia todo tipo de bultos y equipajes con ruedas de personas a rastras. Me deslicé hasta el andén por la barra de incendios cuando el convoy feraz emprendía su marcha en canónico estornudo londinense. Corrí tras él como una fruta nostálgica y ejecutando un escorzo olímpico agarré el estribo del último vagón, me sacudí un poco el polvo, abrí un periódico por el mero gusto de echarlo a volar y busqué compartimento.

Como tenía tiempo hasta llegar a Albuquerque me detuve en el vagón casino a jugar una partida de backgammon. La señora Wilkerson me acusó de ser un tramposo encantador y al despedirnos me entregó un pañuelo que contenía galletitas de avena. Las mordisqueé distraído pasillo adelante sin perder detalle del ascenso de la luna. Me colé en el camarote de una pareja que discutía airadamente con el firme propósito de instigar su reconciliación. Como no lo conseguí se ignoraron en silencio mientras yo evaluaba la firmeza de su colchón. Satisfecho con el descanso me encaminé a la locomotora por el techo de los vagones, como tantas veces había visto hacer en las películas. La verdad, no me pareció una experiencia tan formidable, y antes de acometer el descenso escribí una reseña negativa en Tripadvisor. Recorrí equilibristicamente el cajetín de los troncos sintiéndome ardilla desalojada. De un saltito aterricé en el suelo metálico de la locomotora y la caldera abierta me recibió con una vaharada. La esquivé prontamente solo para darme cuenta de que allí no había nadie. Miré hacia el oeste buscando respuesta y al no hallarla encendí un puro. Conté los anillos del árbol más cercano hasta que noté la quemadura de los dedos. Solté un ¡AY! de lo más ridículo y me senté en el suelo dispuesto a la espera.

Cuando recorríamos el tramo entre Albacete y Guayaquil un búho ciego se posó en la baranda y empezó a rascarse con el pico, en lo que yo considero que debe de ser el sobaco plateado de las aves. Cuando al fin logró su alivio me miró fijamente y para mi desgracia descubrí que no tenía párpados. Entonces vi aparecer la señal que indicaba que nos dirigíamos sin control a Goteburgo, espanté al búho ciego de una palmada y acicaté los frenos con mi tironeo más estudiado. Debí hacerlo de forma demasiado gentil, pues nos pasamos la estación, y los frustrados aspirantes a pasajeros vieron convertido su estado en permanente, emprendiéndola conmigo a base de invectivas en ruso del tipo "andevas chalao, cagoentusmuertos ahítestrelles". Repetí la operación sin éxito hasta que la amenaza del mar de China pudo más que mi ánimo delicado, y al fin conseguí detener el tren con precisión milimétrica en el centro de Shangai. Salí despedido de la cabina y rodando llegué la playa de Jinshan, donde aproveché para quitarme el hollín y tomar el sol. Comprendiendo que aquella cita no iba a ninguna parte apuré la cerveza, contemplé el nacimiento del sol hecho unos zorros con desidia y tomé el primer vuelo a Barcelona. Desde allí regresé en autocar, por eso del romanticismo.

A pesar del resultado infructuoso del encuentro, cuando giré la llave, abrí la puerta y el aroma de casa me recibió con su abrazo bienvenido, concluí que había merecido la pena. Me duché, me cambié, tomé asiento frente al portátil para revisar los correos, y cual fue mi sorpresa al constatar una vez más mi despiste. Entre la retahíla de emails promocionales de páginas a las que no me había suscrito hallé una misiva de Sonia Molinero, recordándome que habíamos concertado una entrevista: El Tren de la Musa era una web y el cuestionario venía adjunto en documento.  Haciendo a un lado mi vergüenza y mis ganas de golpear la pared rítmicamente, contesté a sus preguntas y me fui a la cama.

La verdad es que mantuvimos una conversación asíncrona de lo más placentera. Si les apetece leerla hagan click AQUÍ y, de paso, ya que están, dense una vuelta por su página. Total, es aquí al lado.


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