Jose Baena

lunes, 31 de diciembre de 2018

Finalista Cosecha Eñe 2018



No quiero terminar el año sin compartir aquí una de las mayores alegrías que me ha dado 2018. En octubre se falló la decimotercera edición del premio Cosecha Eñe, que convoca la revista del mismo nombre, y uno de mis relatos quedó finalista.

El texto, junto al de la ganadora Ana Santamaría Núñez, ha sido publicado en el número de otoño, que os recomiendo pues todos los relatos son una maravilla.

Aquí tenéis una muestra del mío:


Con la verdad por delante


Antes de nada aclarar que esto es por necesidad, no por gusto. Porque para ser totalmente  sincero... Bueno, para ser totalmente sincero hay que valer. Mira, a algunos les sale solo, se vanaglorian, van haciendo gala de su honestidad y con ella se frotan, y lo que es peor, la refriegan en tu cara. En cambio yo no les puedo llamar impertinentes. ¿Qué sacaría de eso? Yo les confirmo en su verdad, les digo lo que quieren oír. No, no, a ver, no soy un adulador barato, lo que me pasa es que soy alérgico. ¿Has visto alguna vez la verdad descender de los árboles al agitar del viento? Pues yo tampoco. Y aún así todos la invocan. Y la cosechan todos y te la sirven al plato recién cocinada y te la debes comer por cortesía. La única compensación que tiene es poder mentirles diciendo cómo me gusta Oh my god! qué delicia. También le digo a mi mamá que la quiero a pesar de que me trae de los nervios la muy zorra. ¿Pero qué beneficio hay en decírselo? Lo aprendí bien pronto. No es culpa suya en realidad, el cabrón de mi padre la tenía bien molida con el cinto y la palma, el puño cerrado cuando su equipo perdía, patadas al hígado si el tiempo cambiaba; después de cada tunda, a veces durante, él repetía sin asomo de duda que la quería más que a nada. Los tres sabíamos que esa clase de afecto mi padre se lo tenía reservado a la botella, pero aún así mi madre lo creía. Incluso ahora que ya hace tiempo que puse a criar gusanos al muhijoputa, ella venera su recuerdo y actúa neurótica si el novio de turno se niega a darle un bofetón de vez en cuando. Me pide a mí que la golpee, joder, y eso es enfermizo. ¿Y qué voy a hacer yo? ¿Ser un egoísta de mierda y decirle que la odio y que no quiero hacerle daño y todo eso? ¿Qué ganaría ella? Desolación y rabia, no más. La puta verdad solo trae penalidades.


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